sábado, 25 de abril de 2020

ARTÍCULO DE OPINIÓN-SEXTO BLOQUE

La potencia y la clasificación general de las potencias apetitivas han tenido originalidad desde los orígenes más remotos, antes de cristo; teniendo en cuenta que la educación tuvo diferentes fases en las que se desarrolló y se extendió con el fin de que el hombre se conociese a si mismo e indagara sobre su origen y las cosas que lo rodean. De forma que el surgimiento de las universidades, las cuales se basaban en la teología y la filosofía para dar aportes sostenibles a la ciencia, son acontecimientos que actualmente se pueden admirar y más que ello, presenciar en universidades católicas, las cuales prevén por la verdad, con el fin de que el hombre una vez logre adquirirla, pueda comunicarla con el fin de informar a la sociedad sobre sus descubrimientos de forma desinteresada.
Por otro lado, no se dejó a un lado el nivel emocional del ser humano, pues los escolásticos denominaron dos de clases de facultades afectivas o apetitivas; ambas cumpliendo un papel fundamental en el estado sensible e intelectual del hombre. De forma que el hombre pudiese manejar sus sentimiento o emociones de acuerdo a la razón y la experiencia. Así mismo el ser humano logra manifestar los temperamentos tal cual como ocurre con las pasiones, con la diferencia de que los temperamentos se desarrollan en cuatro fases el linfático o flemático, el melancólico, el sanguíneo y el bilioso o colérico, y muchas veces se pueden ver comprometidas algunas partes del cuerpo por el nivel de estrés que puede alcanzar el hombre al cumplir con sus labores diarias. Por ello se considera importante la posibilidad del descanso para lograr reducir actividades intensas que perjudiquen al cuerpo y el alma.
Con relación a lo anterior y para concluir, algunas deducciones científicas establecen que el entendimiento y la razón no son dos facultades sino más bien dos funciones, de una misma facultad intelectual.

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